Easter sunday en coney island
Ni amarillo jaramago ni marmoles vencidos con su espalda quebrada de abandono un tropel de invasores derriban al silencio en su alta clausura de pajaro exiliado, avanzando hacia el mar que se tine de guerra. Una brisa de hielo les derrota en la orilla sus pies petrificados, cegada por los dardos de sal su mirada de barro, regresan, atrapados de bruma, arrastrando sus sombras congeladas, a las tiendas oscuras donde la luz ayuna dolorida en cilicios vidriados. Visten las gaviotas su tunica pesada, monjes lentos camino de maitines, llamadas por las voces de una lluvia extranjera que despoja a la ojiva de su claustro de olas. Alejados del mar, guerreros de otras guerras, los rostros del verano estrenan fruto ardiente que les hiere sus venas de un hondo escalofrio. Liberada de invierno su mirada, desnudos, se pierden en lo espeso donde el placer y el vicio habitan regresando mordidos para siempre por el plomo veneno de sus ritos sin saber que es la muerte quien les llama. Y sin mas proteccion que tu mirada arbotante que apuntala la niebla de mi piel, asustados, buscamos la salida entre tanto desorden. Los barbaros han sido derrotados y el diluvio comienza. (¿O tal vez si que saben que van hacia la muerte?).

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