Al otro lado de las montanas
Alguien dijo que habia ciudades para sonar
al otro lado de las montanas.
No dijo si estaban suspendidas en el aire,
sumergidas en las lagunas,
o perdidas en el corazon del bosque.
Los que alla fueron nada encontraron,
ni altas torres ni jardines
ni mujeres hilando en el atrio,
ni un muchacho aprendiendo a tocar la gaita.
Solo yo traje algo para seguir sonando
algo visto y no visto en la niebla de la manana,
algo que era una flor o un mirlo de oro
o un pie descalzo de mujer,
un sueno de otro que se ponia a dormir en mi,
echado en mis ojos,
pidiendome que lo sonase mas alla de las montanas,
donde no hay ciudades para sonar.
Y ahora mi oficio es sonar, y no se
si soy yo quien sueno, o es que por mi suenan
campos, miradas azules, palomas que juegan con un nino,
o una mano pequena y fria que me acaricia el corazon.

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