Et in arcadia ego

Poema:

Te encontre en la alameda, cuando ya la noche
se desmayaba entre los arboles.
Mi barco fondeo en el puerto, y yo me sentia
un ciego con hambre de carne y de luz. El cielo era un choto
que lloraba, rodeandonos. Amarre tu talle al pico
lacrimoso de la brisa, note por la lengua el cuchillo de este amor
que desde entonces cava en mi sus pozos. Quedate quieta, dije.
No hables. Callate. Me pareces una pastora de la jungla.
¿Donde tengo las manos, mis manos que no siguen los renglones
de los astros? Llevame hasta el arroyo, hasta la menta que
crece en el bosque. Pon tu dedo en la luna y borrala
con tu hermosura de cristal y azules. Y ven despues, amor,
bebe mi sangre de avispero, siente los mundos que recorren
mis ojos cegados por las aguas.
Agolpe mis labios, tan resecos,
en tu nuca, un largo naufragio. Y sucediste en mi,
eras la garza submarina, eras la vida venciendome despacio.
Pelo suave, entrana suave tan cercana, entreabierta caricia.
Unos dientes empedrando las sombras. Te deshice en mi piel
cuando senti tu abrazo de calor y vino
llegandome hasta el fondo,
tan dentro como los huesos. Eras
de pan, dos silabas desnudas
habitaban tu nombre, y yo, una estatua herida por el musculo.
Escarcha en la salina y pisada en la arena
que se cubre de pronto
de un vuelo de cenizas. Yo corri como un rio
que anida en el paisaje.
Estaba mi corazon ansiando tus dedos,
desollado por un dolor que nadie tiene.
Estaba mi corazon asi, como una fruta
que mordias, como tierra de estrellas que, mas tarde,
tu plantaste en la vida.

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