El vigilante de la nieve (v)

Poema:

Cada manana ponia en los arroyos acero y
lagrimas y adiestraba a los pajaros en la
cancion de la ira: el arroyo claro para la hi-
ja dulcemente imbecil el agua azul para la
mujer sin esperanza, la que olia a vertigo y
a luz, sola en el albanal entre banderas
blancas, fria bajo la sarga y los parpados ya
amarillos de amor.

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