Poema en forma de mujer que dicen temeroso, matutino, inutil
Ese amor que cada manana canta
y silba, temeroso, matutino, inutil
(tambien silba)
bajo las humedas tejas de los mas solitarios corazones
- ¡Ave Maria Purisima!- y rosas son, o escudos, o pajaritas recien paridas,
te aseguro que escupe, amoroso
(tambien escupe)
en ese pozo en el que la mirada se sobresalta.
Sabes por donde voy: tan temeroso
tan tarde ya
(tambien tan sin objeto).
Y amargas o semiamargas voces que todos oyen
llenos de sentimiento, no han de ser suficientes para convertirme en ese dichoso,
caracol al que renuncio
(tambien atentamente).
Un ojo por insignia,
un torpe labio, y ese pez que navega nuestra sangre.
Los signos de oprobio nacen dulces
(tambien llenos de luz)
y gentiles.
Eran
-me horroriza decirlo-
muchos los anos que volque en la mar
(tambien como las venas de tu garganta, tenida de un timido color). Eran
-¿por que me lo preguntas?- dos las delgadas piernas que devore.
Quisiera peinar fecundos rios en la barba
(tambien acariciarlos)
e inmensas cataratas de lagrimas
sin sosiego, desearia, lleno de ardor, acunar alli mismo donde nadie se atreve a
levantar la vista.
Un muerto es un concreto
(tambien se rie)
pensamiento que hace senas al aire.
La mariposa, aquella mariposa ruin que se nutria de las mas privadas
sensaciones,
vuela y revuela sobre los altos campanarios
(tambien hollados campanarios)
aun sin saber,
como no sabe nadie, que ese amor que cada dia grita
y gime, temeroso, matutino, inutil
(tambien gime)
bajo las tibias tejas de los corazones,
es un amor digno de toda lastima.

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