A sor juana ines de la cruz
I ¿Quien solto de tu pecho la impaciente
paloma musical que en fuego sube?
¿Quien puso en los cristales de la nube
la misma luz que cae de tu frente?
¿En que silencio de estupor vehemente
te pude descubrir y te retuve?
¿Que flamigero dardo de querube
marco el instante con su filo ardiente? Espacios deslumbrantes, voz cenida
a las igneas raices de la vida
y el ansia de esa voz determinada. Una irrupcion de signos en tu cielo.
Y bajo el arrebato de tu vuelo
yo, Senora, pequena y hechizada. II En la rosa salvada, en su pureza
que sube hasta la luz y en ella habita,
llamo a tu corazon y te doy cita
para hablar de tu blanca fortaleza. Llevo una mariposa en la cabeza
y otra mas deslumbrante me visita.
Soy la que nada sabe... la que agita
su alma y su voz detras de la belleza. Mis jardines pequenos, entregados
al duende, al angel verde... son aliados
de todo lo que vuela y lo que brilla. ¡Como no darte a ti, -tan voladora,-
mi ceniza de rosas y esta hora
en que vuelve a ser rosa la semilla!

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