Oda a salvador dali
Una rosa en el alto jardin que tu deseas.
Una rueda en la pura sintaxis del acero.
Desnuda la montana de niebla impresionista.
Los grises oteando sus balaustradas ultimas. Los pintores modernos en sus blancos estudios,
cortan la flor aseptica de la raiz cuadrada.
En las aguas del Sena un ice-berg de marmol
enfria las ventanas y disipa las yedras. El hombre pisa fuerte las calles enlosadas.
Los cristales esquivan la magia del reflejo.
El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume.
La maquina eterniza sus compases binarios. Una ausencia de bosques, biombos y entrecejos
yerra por los tejados de las casas antiguas.
El aire pulimenta su prisma sobre el mar
y el horizonte sube como un gran acueducto. Marineros que ignoran el vino y la penumbra,
decapitan sirenas en los mares de plomo.
La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene
el espejo redondo de la luna en su mano. Un deseo de formas y limites nos gana.
Viene el hombre que mira con el metro amarillo.
Venus es una blanca naturaleza muerta
y los coleccionistas de mariposas huyen. Cadaques, en el fiel del agua y la colina,
eleva escalinatas y oculta caracolas.
Las flautas de madera pacifican el aire.
Un viejo dios silvestre da frutas a los ninos. Sus pescadores duermen, sin ensueno, en la arena.
En alta mar les sirve de brujula una rosa.
El horizonte virgen de panuelos heridos,
junta los grandes vidrios del pez y de la luna. Una dura corona de blancos bergantines
cine frentes amargas y cabellos de arena.
Las sirenas convencen, pero no sugestionan,
y salen si mostramos un vaso de agua dulce. ¡Oh, Salvador Dali, de voz aceitunada!
No elogio tu imperfecto pincel adolescente
ni tu color que ronda la color de tu tiempo,
pero alabo tus ansias de eterno limitado. Alma higienica, vives sobre marmoles nuevos.
Huyes la oscura selva de formas increibles.
Tu fantasia llega donde llegan tus manos,
y gozas el soneto del mar en tu ventana. El mundo tiene sordas penumbras y desorden,
en los primeros terminos que el humano frecuenta.
Pero ya las estrellas ocultando paisajes,
senalan el esquema perfecto de sus orbitas. La corriente del tiempo se remansa y ordena
en las formas numericas de un siglo y otro siglo.
Y la Muerte vencida se refugia temblando
en el circulo estrecho del minuto presente. Al coger tu paleta, con un tiro en un ala,
pides la luz que anima la copa del olivo.
Ancha luz de Minerva, constructora de andamios,
donde no cabe el sueno ni su flora inexacta. Pides la luz antigua que se queda en la frente,
sin bajar a la boca ni al corazon del bosque.
Luz que temen las vides entranables de Baco
y la fuerza sin orden que lleva el agua curva. Haces bien en poner banderines de aviso,
en el limite oscuro que relumbra de noche.
Como pintor no quieres que te ablande la forma
el algodon cambiante de una nube imprevista. El pez en la pecera y el pajaro en la jaula.
No quieres inventarlos en el mar o en el viento.
Estilizas o copias despues de haber mirado,
con honestas pupilas sus cuerpecillos agiles. Amas una materia definida y exacta
donde el hongo no pueda poner su campamento.
Amas la arquitectura que construye en lo ausente
y admites la bandera como una simple broma. Dice el compas de acero su corto verso elastico.
Desconocidas islas desmiente ya la esfera.
Dice la linea recta su vertical esfuerzo
y los sabios cristales cantan sus geometrias. Pero tambien la rosa del jardin donde vives.
¡Siempre la rosa, siempre, norte y sur de nosotros!
Tranquila y concentrada como una estatua ciega,
ignorante de esfuerzos soterrados que causa. Rosa pura que limpia de artificios y croquis
y nos abre las alas tenues de la sonrisa
Mariposa clavada que medita su vuelo.
Rosa del equilibrio sin dolores buscados.
¡Siempre la rosa! ¡Oh, Salvador Dali de voz aceitunada!
Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros.
No alabo tu imperfecto pincel adolescente,
pero canto la firme direccion de tus flechas. Canto tu bello esfuerzo de luces catalanas,
tu amor a lo que tiene explicacion posible.
Canto tu corazon astronomico y tierno,
de baraja francesa y sin ninguna herida. Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua,
el miedo a la emocion que te aguarda en la calle.
Canto la sirenita de la mar que te canta
montada en bicicleta de corales y conchas. Pero ante todo canto un comun pensamiento
que nos une en las horas oscuras y doradas.
No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima. Es primero que el cuadro que paciente dibujas
el seno de Teresa, la de cutis insomne,
el apretado bucle de Matilde la ingrata,
nuestra amistad pintada como un juego de oca. Huellas dactilograficas de sangre sobre el oro,
rayen el corazon de Cataluna eterna.
Estrellas como punos sin halcon te relumbren,
mientras que tu pintura y tu vida florecen. No mires la clepsidra con alas membranosas,
ni la dura guadana de las alegorias.
Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire
frente a la mar poblada de barcos y marinos.

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