A nuestra señora

Poema:

No vieramos el rostro al padre Eterno
alegre, ni en el suelo al Hijo amado
quitar la tirania del infierno,
ni el fiero Capitan encadenado
vivieramos en llanto sempiterno,
durara la ponzona del bocado,
serenisima Virgen, si no hallara
tal Madre Dios en vos donde encarnara. Que aunque el amor del hombre ya habia hecho
mover al padre Eterno a que enviase
el unico engendrado de su pecho,
a que encarnando en vos le reparase,
con vos se remedio nuestro derecho,
hicistes nuestro bien se acrecentase,
estuvo nuestra vida en que quisistes,
Madre digna de Dios, y ansi vencistes. No tuvo el Padre mas, Virgen, que daros,
pues quiso que de vos Cristo naciese,
ni vos tuvistes mas que desearos,
siendo el deseo tal, que en vos cupiese
habiendo de ser Madre, contentaros
pudierades con serlo de quien fuese
menos que Dios, aunque para tal Madre,
bien estuvo ser Dios el Hijo y Padre. Con la humildad que al cielo enriquecistes
vuestro ser sobre el cielo levantastes
aquello que fue Dios solo no fuistes,
y cuanto no fue Dios, atras dejastes
alma santa del padre concebistes,
y al Verbo en vuestro vientre le cifrastes
que lo que cielo y tierra no abrazaron,
vuestras santas entranas encerraron. Y aunque sois Madre, sois Virgen entera,
hija de Adan, de culpa preservada,
y en orden de nacer vos sois primera,
y antes que fuese el cielo sois criada.
Piadosa sois, pues la seriente fiera
por vos vio su cabeza quebrantada
a Dios de Dios bajais del cielo al suelo,
del hombre al hombre alzais del suelo al cielo. Estais agora, Virgen generosa,
con la perpetua Trinidad sentada,
do el Padre os llama Hija, el Hijo Esposa,
y el Espiritu Santo dulce Amada.
De alli con larga mano y poderosa
nos repartis la gracia, que os es dada
alli gozais, y aqui para mi pluma,
que en la esencia de Dios esta la suma.

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