Cancion a la muerte del mismo
Quien viere el sumptuoso
tumulo al alto cielo levantado,
de luto rodeado,
de lumbres mil copioso,
si se para a mirar quien es el muerto,
sera desde hoy bien cierto
que no podra en el mundo bastar nada
para estorbar la fiera muerte airada. Ni edad, ni gentileza,
ni sangre real antigua y generosa,
ni de la mas gloriosa
corona la belleza,
ni fuerte corazon, ni muestras claras
de altas virtudes raras,
ni tan gran padre, ni tan grande abuelo,
que llenan con su fama tierra y cielo. ¿Quien ha de estar seguro,
pues la fenix que sola tuvo el mundo,
y otro Carlos segundo,
nos lleva el hado duro?
Y vimos sin color su blanca cara,
a su Espana tan cara,
como la tierna rosa delicada,
que fue sin tiempo y sin razon cortada. Ilustre y alto mozo,
a quien el cielo dio tan corta vida,
que apenas fue sentida,
fuiste breve gozo
y ahora luengo llanto de tu Espana,
de Flandes y Alemana,
Italia y de aquel mundo nuevo y rico,
con quien cualquier imperio es corto y chico. No temas que la muerte
vaya de tus despojos vitoriosa
antes ira medrosa
de tu espiritu fuerte,
las inclitas hazanas que hicieras,
los triunfos que tuvieras
y vio que a no perderte se perdia.
y ansi el mismo temor le dio osadia.

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