Del mundo y su vanidad

Poema:

Los que teneis en tanto
la vanidad del mundanal ruí­ ­ ¯do,
cual aspide al encanto
del Magico temido,
podreis tapar el contumaz oido. Porque mi ronca musa,
en lugar de cantar como solia,
tristes querellas usa,
y a satira la guia
del mundo la maldad y tirania. Escuchen mi lamento
los que, cual yo, tuvieren justas quejas,
que bien podra su acento
abrasar las orejas,
rugar la frente y enarcar las cejas. Mas no podra mi lengua
sus males referir, ni comprehendellos,
ni sin quedar sin mengua
la mayor parte dellos,
aunque se vuelven lenguas mis cabellos. Pluguiera a Dios que fuera
igual a la experiencia el desengano,
que daros le pudiera,
porque, si no me engano,
naciera gran provecho de mi dano. No condeno del mundo
la maquina, pues es de Dios hechura
en sus abismos fundo
la presente escritura,
cuya verdad el campo me asegura. Inciertas son sus leyes,
incierta su medida y su balanza,
sujetos son los reyes,
y el que menos alcanza,
a miserable y subita mudanza. No hay cosa en el perfecta
en medio de la paz arde la guerra,
que al alma mas quieta
en los abismos cierra,
y de su patria celestial destierra. Es caduco, mudable,
y en solo serlo mas que pena firme
en el bien variable,
porque verdad confirme
y con decillo su maldad afirme. Largas sus esperanzas
y, para conseguir, el tiempo breve
penosas las mudanzas
del aire, sol y nieve,
que en nuestro dano el cielo airado mueve. Con rigor enemigo
las cosas entre si todas pelean,
mas el hombre consigo
contra el todas se emplean,
y toda perdicion suya desean. La pobreza envidiosa,
la riqueza de todos envidiada
mas esta no reposa
para ser conservada,
ni puede aquella tener gusto en nada. La soledad huida
es de los por quien fue mas alabada,
la trapala seguida
y con sudor comprada
de aquellos por quien fue menospreciada. Es el mayor amigo
espejo, dia, lumbre en que nos vemos
en presencia testigo
del bien que no tenemos,
y en ausencia del mal que no hacemos. Prodigo en prometernos
y, en cumplir tus promesas, mundo, avaro,
tus cargos y gobiernos
nos ensenan bien claro
que es tu mayor placer, de balde, caro. Guay del que los procura,
pues hace la prision, a do se queda
en servidumbre dura,
cual gusano de seda,
que en su delgada fabrica se enreda. Porque el mejor es cargo,
y muy pesado de llevar agora,
y despues mas amargo,
pues perdeis a deshora
su breve gusto que sin fin se llora. Tal es la desventura
de nuestra vida, y la miseria della,
que es prospera ventura
nunca jamas tenella
con justo sobresalto de perdella. ¿De do, senores, nace
que nadie de su estado esta contento,
y mas le satisface
al libre el casamiento,
y al que es casado el libre pensamiento? « ¡Oh, dichosos tratantes! »,
ya quebrantado del pegado hierro,
escapado denantes
por acertado yerro,
dice el soldado en aspero destierro, «que pasais vuestra vida
muy libre ya de trabajosa pena,
segura la comida
y mucho mas la cena,
llena de risa y de pesar ajena ». « ¡Oh, dichoso soldado! »,
responde el mercader del espacioso
mar en alto llevado,
«que gozas de reposo
con presta muerte o con vencer glorioso ». El rustico villano
la vida con razon invidia y ama
del consulto tirano,
que desde la su cama
oye la voz del consultor que llama el cual, por la fianza
del campo a la ciudad por mal llevado,
llama, sin esperanza
del buey y corvo arado,
al ciudadano bienaventurado. Y no solo sujetos
los hombres viven a miserias tales,
que por ser mas perfetos
lo son todos sus males,
sino tambien los brutos animales. Del arado quejoso,
el perezoso buey pide la silla,
y el caballo brioso
(mirad que maravilla)
querria mas arar que no sufrilla. Y lo que mas admira,
mundo cruel, de tu costumbre mala,
es ver como el que aspira
al bien, que le senala
su misma inclinacion, luego resbala. Pues no tan presto llega
al termino por el tan deseado,
cuando es de torpe y ciega
voluntad despreciado,
o de fortuna en tierno agraz cortado. Bastaranos la prueba
que en otros tiempos ha la muerte hecho,
sin la funesta nueva,
de don Juan, cuyo pecho
alevemente della fue deshecho. Con lagrimas de fuego,
hasta quedar en ellas abrasado
o, por lo menos, ciego,
de mi seras llorado,
por no ver tanto bien tan malogrado. La rigurosa muerte,
del bien de los cristianos invidiosa,
rompio de un golpe fuerte
la esperanza dichosa,
y del infiel la pena temerosa. Mas porque de cumplida
gloria no goce —de morir tal hombre —
la gente descreida,
tu muerte les asombre
con solo la memoria de tu nombre. Sientan lo que sentimos
su gloria vaya con pesar mezclada
recuerdense que vimos
la mar acrecentada
con su sangre vertida y no vengada. La grave desventura
del Lusitano, por su mal valiente,
la soberbia bravura
de su bisona gente,
desbaratada miserablemente, siempre debe llorarse,
si, como manda la razon, se llora
mas no podra jactarse
la parte vencedora,
pues reyes dio por rey la gente mora. Ansi que nuestra pena
no les pudo causar perpetua gloria,
pues, siendo toda llena
de sangrieta memoria,
no se pudo llamar buena vitoria. Callo las otras muertes
de tantos reyes en tan pocos dias,
cuyas funebres suertes
fueron anatomias,
que liquidar podran las penas frias. Sin duda cosas tales,
que en nuestro dano todas se conjuran,
de venideros males
muestras nos aseguran
y al fin universal nos apresuran. ¡Oh, ciego desatino!,
que llevas nuestras almas encantadas
por aspero camino,
por partes desusadas,
al reino del olvido condenadas. Sacude con presteza
del leve corazon el grave sueno
y la tibia pereza,
que con razon desdeno,
y al ejercicio aspira que te enseno. Soy hombre piadoso
de tu misma salud, que va perdida
sacala del penoso
trance do esta metida:
evitaras la natural caida, a la cual nos inclina
la justa pena del primer bocado
mas en la rica mina
del inmortal costado,
muerto de amor, seras vivificado.

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