La casa

Poema:

La mesa, hijo, esta tendida
en blancura quieta de nata,
y en cuatro muros azulea,
dando relumbres, la ceramica.
Esta es la sal, este el aceite
y al centro el Pan que casi habla.
Oro mas lindo que oro del Pan
no esta ni en fruta ni en retama,
y da su olor de espiga y horno
una dicha que nunca sacia.
Lo partimos, hijito, juntos,
con dedos duros y palma blanda,
y tu lo miras asombrado
de tierra negra que da flor blanca. Baja la mano de comer,
que tu madre tambien la baja.
Los trigos, hijo, son del aire,
y son del sol y de la azada
pero este Pan «cara de Dios »()
no llega a mesas de las casas.
Y si otros ninos no lo tienen,
mejor, mi hijo, no lo tocaras,
y no tomarlo mejor seria
con mano y mano avergonzadas. Hijo, el Hambre, cara de mueca,
en remolino gira las parvas,
y se buscan y no se encuentran
el Pan y el hambre corcovada.
Para que lo halle, si ahora entra,
el Pan dejemos hasta manana
el fuego ardiendo marque la puerta,
que el indio qechua nunca cerraba,
¡y miremos comer al Hambre,
para dormir con cuerpo y alma!

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