La inmortalidad

Poema:

(A Manuel Payno)
La flor encantadora y delicada
que sobre esbelto tallo se mecia,
la vio ufana la luz de un solo dia,
luego desaparecio.
De ese arbusto marchito y derribado,
ayer tal vez hermoso y floreciente,
hoy arranca sus hojas el ambiente
que ufano le halago. Y al alto muro y orgullosa torre,
que sola en el espacio alzo la frente,
en silencio, del tiempo la corriente
del mundo arranco ya.
¿Por que, por que insolente, hombre mezquino,
mas debil que el arbusto y que la planta,
en vuelo audaz soberbio te levanta
la esteril vanidad? De1 tiempo rapidisimo las alas,
sobre nubes de imperios se extendieron,
y se aparto la sombra, ¿ do estuvieron
imperios y poder?
Hombre: ¿como te entregas a hondo sueno,
de la playa en la vida recostado.
si al mas ligero viento, el mar alzado
tu cuerpo ha de envolver? Y la fragil hojilla del arbusto,
cuando mugen terrificos los vientos,
al caer en los marea turbulentos
mas impresion haran
que el golpe de cien mil generaciones,
por la mano del tiempo derribadas,
en las dulces y quietas oleadas
de la ancha eternidad. Un solo grano de la limpia arena
enturbia mas el fervido torrente,
que esparcido del tiempo en la corriente
del hombre el lodo vil.
Heroe, monarca, arranca de tu labio
el grito del orgullo que horroriza
es igual tu ceniza a la ceniza
del pastor infeliz. Mas si destruye el tiempo de igual modo
la fragil cuna, el lecho vacilante
del anciano, y el solio de diamante
do esta la juventud
y si del crimen el punal sangriento
se rompe en los sepulcros igualmente
que la diadema nitida y fulgente
do esta la virtud. Si a esta por siempre la mostro llorando,
y a la maldad triunfante y denodada,
al tocar en los bordes de la nada
la antorcha del saber
¿que importa que feroces me amenacen,
ni que lancen gemidos los humanos,
si yo arranco ruisenor de sus manos
la copa del placer? Esto dije mil veces, y encontraba
inutil la razon, la vida yerta
y esteril, oscurisima, desierta
del hombre la mansion.
Y yo me aborreci cuando veia
a mi existencia entre tiniebla adusta,
y no pude adorar la mano injusta
del que llamaban Dios. Y burle a los que ilusos distinguian
sobre el sol, dominando el firmamento,
el vasto solio y el sublime asiento
de un genio de bondad.
Yo alli con rabia distingui un tirano,
que quiso sobre el mundo levantarse,
para ver sin estorbo aniquilarse
la triste humanidad.
En mi delirio horrisono exclamaba:
si eres padre clemente y Dios piadoso,
si es del hombre tormento doloroso
dudar su porvenir
si a un solo movimiento de tu labio
puede rasgarse del misterio el velo,
y hallar escrito en el inmenso cielo
su destino infeliz ¿por que te regocija nuestro llanto?
¿Esa noble, tu augusta Providencia,
al mortal le concede la existencia
solo para el dolor?
Mas si de lo futuro la ignorancia
que renace en la tierra tu quisiste,
¿para que la razon me concediste,
incomprensible Dios? Hacia el caos diriges 1a mirada
nace el sol, vive el mundo, brota el viento
el vasto mar refleja un firmamento
banado con su luz.
Y frivolo concedes el imperio
del orbe que tu nombre diviniza,
a un ente vil que al toque pulveriza
del debil ataud? Anhelaba mi mente hasta el letargo
de desesperacion, y jamas calma
y siempre, siempre destrozada mi alma
por inquietud tenaz.
El horror de la muerte me oprimia,
el susurro del aura me aterraba,
y a contemplar la tumba me arrastraba
la dudosa ansiedad. El horror expresando la mirada,
torpe el paso, debil el aliento,
temblando con el frio del tormento
al sepulcro llegue.
Una fuerza violenta, irresistible,
me hizo inclinar al fondo la cabeza
y gemi de terror, y con presteza
loe parpados cerre. En mi quebranto pronuncie convulso
de Dios el nombre, y subito retumba,
y cruje, y se abre la terrible tumba
con estruendo fatal.
pero una luz vivisima, inefable,
le da paso a mi atonita mirada
Y mi razon encuentrase abrumada
en gozo celestial. Con jubilo indefinible
mire que bano mi frente
la luz pura, indeficiente,
de la grande eternidad
Vi al mortal ennoblecido
sobre el trono del Eterno,
y de un Dios sublime, tierno,
la esplendente majestad. No el Dios fiero, vengativo,
que teme y no adora el mundo,
que creen que grita iracundo
con la tempestad atroz Y que devasta los campos
en las alas del torrente,
publicando el rayo ardiente
su omnipotencia feroz. Cual de luciernaga el brillo
en la claridad del dia,
junto de Dios se perdia
nuestro refulgente sol.
Salud, Hacedor Supremo:
salud, Padre de la vida,
como el alma enternecida
ora entona tu loor. Cuando en la tierra infeliz
vi la virtud desdichada,
pobre, envilecida, atada,
del crimen negro al poder
no pensaba en que tu mano
la inocencia galardona,
que de gloria la corona
colocas sobre su sien. Ni crei que la tormenta
que envanece y alucina,
en ondulacion mezquina
en el dilatado mar. Sordo al bramar la tormenta
ciego al contemplar el cielo,
te cubri ¡oh Dios! con el velo
de la lobrega impiedad.
Busque criminal entonces,
de angustia el alma agobiada,
entre el polvo de la nada
el lecho de la quietud. Las pasiones me arrastraron
no hay Dios, mis labios decian,
y mis ojos se ofendian
de eternidad con la luz. Si hubiera visto irrompibles
de amor los queridos lazos,
durmiendo al hijo en los brazos
del afecto maternal
te hubiera amado, Dios mio,
y tolerado mi suerte,
mis ojos viendo a la muerte
sin el llanto del pesar.
Solo una gota de sangre,
o una lagrima inocente,
del alma del delincuente
nunca se logra borrar
pues la incorpora la muerte,
la lumbre de Dios la aclara,
y la aura copa acibara
de aquel placer celestial. Pero ni al hombre insolente
que con su labio blasfemo
te ha injuriado, Ser Supremo,
en este mundo infeliz,
niegas tu bondad augusta
el no la soporta, gime
con el aspecto sublime
de una eternidad feliz. Aura blanda, dulces flores,
bastos campos, lindo cielo,
y un indecible consuelo
que disipaba el dolor
yo disfrute alborozado,
torno el regocijo a mi alma,
y una deliciosa calma
ocupo mi corazon. Millares de vastos mundos
giran, Senor, a tus plantas,
que sostienes y que encantas
con tu sublime bondad
Entre los cuales se pierden
nuestro mundo y nuestro orgullo,
cual de tortola el arrullo
cuando muge el huracan.
Mortal, mortal atrevido,
¿te dara la impiedad, necio,
siquiera el odio, el desprecio
de ese Omnipotente Dios?
Piensas al lanzar blasfemias
en tu honda mansion, perjuro,
que haces retemblar el muro
del alcazar del Criador? ¿Como penetrar pretendes,
contenido por ti mismo,
en el insondable abismo
de nuestro lobrego ser?
¿Quien es el hombre, responde,
que asi reclama insolente
ser emulo y confidente
del que prodiga el saber? Huyose la ficcion, y el alma mia,
cuando la ofusca del dolor el velo,
recuerda. con purisimo consuelo
este dulce momento de alegria: tal vez, tal vez momento de delirio
que ama mi corazon ardientemente,
y que cuando se aleje de mi mente
acaso en mi alma arraigara el martirio.
Pero ¡oh Dios de bondad! por el te adoro,
y por el , si me amaga el triste duelo,
grito: Soy inmortal: contemplo el cielo,
y recobro vigor y enjugo el lloro.

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