Leyendo a silva
Vestia traje suelto de recamado biso
en voluptuosos pliegues de un color indeciso,
y en el divan tendida, de rojo terciopelo,
sus manos, como vivas parasitas de hielo, sostenian un libro de corte fino y largo,
un libro de poemas delicioso y amargo.
De aquellos dedos palidos la tibia yema blanda
rozaba tenuemente con el papel de Holanda por cuyas blancas hojas vagaron los pinceles
de los mas refinados discipulos de Apeles:
era un lindo manojo que en sus claros lucia
los suenos mas audaces de la Crisografia: sus cuerpos de serpiente dilatan las mayusculas
que desde el ancho margen acechan las minusculas,
o trazan por los bordes caminos plateados
los lentos caracoles, babosos y cansados. Para el poema heroico se veia alli la espada
con un leon por puno y contera labrada,
donde evoco las formas del ciclo legendario
con sus torres y grifos un pincel lapidario. Alli la dama gotica de rectilinea cara
partida por las rejas de la vineta rara
alli las hadas tristes de la pasion excelsa:
la fervida Eloisa, la suspirada Elsa. Alli los metros raros de musicales timbres:
ya moviles y largos como jugosos mimbres,
ya diafanos, que visten la idea levemente
como las albas guijas un rio trasparente. Alli la vida llora y la muerte sonrie
y el tedio, como un acido, corazones deslie...
Alli, cual casto grupo de nubiles Citeres,
cruzaban en silencio figuras de mujeres que vivieron sus vidas, invioladas y solas
como la espuma virgen que circunda las olas:
la rusa de ojos calidos y de bruno cabello,
paso con sus pinceles de marta y de camello, la que robo al piano en las veladas frias
parejas voladoras de blancas armonias
que fueron por los vientos perdiendose una a una
mientras, envuelta en sombras, se atristaba la luna... Aquesa, el pie desnudo, gira como una sombra
que sin hacer ruido pisara por la alfombra
de un templo... y como el ave que ciega el astro diurno
con miradas nictalopes ilumina el Nocturno do al fatigado beso de las vibrantes clines
un aire triste y vago preludian dos violines... La luna, como un nimbo de Dios, desde el Oriente
dibuja sobre el llano la forma evanescente
de un languido mancebo que el tardo paso guia
como buscando un alma, por la pampa vacia. Busca a su hermana un dia la negra Segadora
sobre la mies que el beso primaveral enflora —
abatiendo sus alas, sus alas de murcielago,
hirio a la virgen palida sobre el dorado pielago, que cayo como un trigo... Amiguitas llorosas
la vistieron de lirios, la cineron de rosas
cefiro de las tumbas, un bardo israelita
le canto cantos tristes de la raza maldita a ella, que en su lecho de gasas y de blondas,
se asemejaba a Ofelia mecida por las ondas:
por ella va buscando su hermano entre las brumas,
de unas alitas rotas las desprendidas plumas, y por ella... «Pasemos esta doliente hoja
que mi ser atormenta, que mi sueno acongoja »,
dijo entre si la dama del recamado biso
en voluptuosos pliegues, de color indeciso, y prosiguio del libro las hojas volteando,
que ensalza en aureas rimas de son calino y blando
los perfumes de oriente, los vividos rubies
y los joyeros morbidos de sedas carmesies. Leyo versos que guardan como gastados ecos
de voces muertas cantos a ramilletes secos
que hacen crujir, al tacto, calices inodoros
metros que reproducen los gemebundos coros de las locas campanas que en el dia de difuntos
despiertan con sus voces los muertos cejijuntos
lanzados en racimos entre las sepulturas
a beberse la sombra de sus noches oscuras... ...Y en el divan tendida, de rojo terciopelo,
sus manos, como vivas parasitas de hielo,
doblaron lentamente la pagina postrera
que, en gris, mostraba un cuervo sobre una calavera... y se quedo pensando, pensando en la amargura
que acendran muchas almas pensando en la figura
del bardo, que en la calma de una noche sombria,
puso fin al poema de su melancolia: exangue como un marmol de la dorada Atenas,
herido como un pugil de italicas arenas,
union la faz de un Numen dulcemente atediado
a la ideal belleza del estigmatizado!... Ambicionar las tunicas que modelaba Grecia,
y los desnudos senos de la gentil Lutecia
pedir en copas de onix el atico nepentes
querer cenir en lauros las pensativas frentes ansiar para los triunfos el hacha de un Arminio
buscar para los goces el oro del triclinio
amando los detalles, odiar el universo
sacrificar un mundo para pulir un verso querer remos de aguila y garras de leones
con que domar los vientos y herir los corazones
para gustar lo exotico que el animo idolatra
esconder entre flores el aspid de Cleopatra seguir los ideales en pos de Don Quijote
que en el azul divaga de su rocin al trote
esperar en la noche las tremulas escalas
que arrebaten ligeras a las etereas salas oir los mudos ecos que pueblan los santuarios,
amar las hostias blancas amar los incensarios
(poetas que diluyen en el espacio inmenso
sus ritmos perfumados de vagaroso incienso) sentir en el espiritu brisas primaverales
ante los viejos monjes y los rojos misales
tener la frente en llamas y los pies entre lodo
querer sentirlo, verlo y adivinarlo todo: eso fuiste, ¡oh poeta! Los labios de tu herida
blasfeman de los hombres, blasfeman de la vida,
modulan el gemido de las desesperanzas,
¡oh mistico sediento que en el raudal te lanzas! ¡Oh Senor Jesucristo! por tu herida del pecho
¡perdonalo! ¡perdonalo! desciende hasta su lecho
de piedra a despertarlo! Con tus manos divinas
enjuga de su sangre las ondas purpurinas... Penso mucho: sus paginas suelen robar la calma
sintio mucho: sus versos saben partir el alma
¡amo mucho! circulan rafagas de misterio
entre los negros pinos del blanco cementerio... No manchara su lapida epitafio doliente:
tallad un verso en ella, pagano y decadente,
digno del fresco Adonis en muerte de Afrodita:
un verso como el halito de una rosa marchita,
que llore su caida, que cante su belleza,
que cifre sus ensuenos, ¡que diga su tristeza!... ¡Amor! dice la dama del recamado biso
en voluptuosos pliegues de color indeciso
¡Dolor! dijo el poeta: los labios de su herida
blasfeman de los hombres, blasfeman de la vida, modulan el gemido de la desesperanza
fue el mistico sediento que en el raudal se lanza
su muerte fue la muerte de una languida anemona,
se evaporo su vida como la de Desdemona ebrio del vino amargo con que el dolor embriaga
y a los fulgores tremulos de un cirio que se apaga...
¡Asi rindio su aliento, bajo un sitial de seda,
el ultimo nacido del viejo Cisne y Leda!...

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