Entre la espuma, sal en mi lengua, gota en mi cuello (i)
Estoy dondequiera a la hora del desastre
porque contigo estoy, porque sin ti no estuviera.
Nada mas a ti te amo, n estoy para los demas, en nadie estoy si no estoy
en ti,
raiz de miedo, agua derramada.
Yo soy el hilo de agua que ata las esquinas, los rincones,
las puertas de los que babeantes han descubierto entre cuerpo y cuerpo
pustulas enfebrecidas,
lagos sangrientos y han descubierto que atropellados estamos, hermana,
muertos.
Pero a pesar de todo, contra ti, contra mi, a la semilla que eres fecundado
regreso.
A ti que eres, que estas cavando, que me levantas de la ceniza.
Alejarme de ti es recorrer y caer y regresar
con la garganta ahogada en el olor de amorosa gente dormida.
Con el olor de abrazos insaciables, feroces, tenaces.
Irme de ti, sin ti, es romper el hilo que me ata, titere de la muerte.
Irme de ti, estar frente a ti que juegas a abandonarme, es ir siempre hacia
atras,
quitandome las manos, saludando, corcoveando en el polvo de los precipicios.
Amor que me levantas, que te esfuerzas por destrozarme,
rio que si ahogas leche que derramas, mancha que no limpias,
alfiler que no alojas.
En el cuarto de los solteros te necesito,
te necesito en el calor de los cuerpos que levantas.
Entre la espuma, sal en mi lengua, gota en mi cuello, te busco, grasa
de mis ojivas.
He salido de tus manos y a tus manos voy, pues tu me diste la luz
y la oscuridad y la ceguera.
En el silencio de la mirada, rozandote apenas,
en ti fundado mi hogar y supiste como crecimos, como fuimos ninos hasta
envejecer.
Y sin darnos cuenta hemos nacido para no saber, para encontrarnos,
para ignorar la amenaza de la muerte que lenta nos acechaba.
Y crecimos, ante mi creciste, amor, mi amor: desnudaste mis reglas,
apagaste mis hogueras,
y solo me abandonaste cuando erigia inutiles paredes y trampas sin razon.

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