Las virgenes caidas

Poema:

A su primer suspiro,
nadie tendio la mano
solo el abismo. Despues mil brazos
corrieron al auxilio,
pero ya entonces
ella no quiso. Corria ya.
Se deslizaba por el ventisco
glaciar abajo,
lanzada,
pero guardando el equilibrio.
Siempre reflujo abajo,
mas aprisa, siempre en vuelo, casi en vilo. Tu acelerabas, vertigo
acelerabas tu, racha de siglos.
¡Dios mio!
¿Acelerabas
tu mismo? Quillas contra el viento
sus mellizos,
cabellera de relampago asido. ¡Miradla!
La miraban. Un solo guino
de los obscuros lobos
le despojo el vestido.
Alla quedo,
jirones, el armino. Lo demas,
siguio, se fue en un grito.
No el suyo.
Mas no digo.

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