El silbo de afirmacion en la aldea
Alto soy de mirar a las palmeras,
rudo de convivir con las montanas...
Yo me vi bajo y blando en las aceras
de una ciudad esplendida de aranas.
Dificiles barrancos de escaleras,
calladas cataratas de ascensores,
¡que impresion de vacio!,
ocupaban el puesto de mis flores,
los aires de mis aires y mi rio. Yo vi lo mas notable de lo mio
llevado del demonio, y Dios ausente.
Yo te tuve en el lejos del olvido,
aldea, huerto, fuente
en que me vi al descuido:
huerto, donde me halle la mejor vida,
aldea, donde al aire y libremente,
en una paz mee larga y tendida. Pero volvi en seguida
mi atencion a las puras existencias
de mi retiro hacia mi ausencia atento,
y todas sus ausencias
me llenaron de luz el pensamiento. Iba mi pie sin tierra, ¡que tormento!,
vacilando en la cera de los pisos,
con un temor continuo, un sobresalto,
que aumentaban los timbres, los avisos,
las alarmas, los hombres y el asfalto.
¡Alto!, ¡Alto!, ¡Alto!, ¡Alto!
¡Orden!, ¡Orden! ¡Que altiva
imposicion del orden una mano,
un color, un sonido!
Mi cualidad visiva,
¡ay!, perdia el sentido. Topado por mil senos, embestido
por mas de mil peligros, tentaciones,
mecanicas jaurias,
me seguian lujurias y claxones,
deseos y tranvias. ¡Cuanto labio de purpuras teatrales,
exageradamente pecadores!
¡Cuanto vocabulario de cristales,
al frenesi llevando los colores
en una pugna, en una competencia
de originalidad y de excelencia!
¡Que confusion! ¡Babel de las babeles!
¡Gran ciudad!: ¡gran demontre!: ¡gran puneta!
¡el mundo sobre rieles,
y su desequilibrio en bicicleta! Los vicios desdentados, las ancianas
echandose en las canas rosicleres,
infamia de las canas,
y aun buscando sin tuetano placeres.
Arboles, como locos, enjaulados:
Alamedas, jardines
para destuetanarse el mundo y lados
de creacion ultrajada por orines. Huele el macho a jazmines,
y menos lo que es todo parece
la hembra oliendo a cuadra y podredumbre. ¡Ay, como empequenece
andar metido en esta muchedumbre!
¡Ay!, ¿donde esta mi cumbre,
mi pureza, y el valle del sesteo
de mi ganado aquel y su pastura? Y miro, y solo veo
velocidad de vicio y de locura.
Todo electrico: todo de momento.
Nada serenidad, paz recogida.
Electrica la luz, la voz, el viento,
y electrica la vida.
Todo electricidad: todo presteza
electrica: la flor y la sonrisa,
el orden, la belleza,
la cancion y la prisa.
Nada es por voluntad de ser, por gana,
por vocacion de ser. ¿Que haceis las cosas
de Dios aqui: la nube, la manzana,
el borrico, las piedras y las rosas? ¡Rascacielos!: ¡que risa!: ¡rascaleches!
¡Que presuncion los manda hasta el retiro
de Dios! ¿Cuando sera, Senor, que eches
tanta soberbia abajo de un suspiro?
¡Ascensores!: ¡que rabia! A ver, ¿cual sube
a la talla de un monte y sobrepasa
el perfil de una nube,
o el cardo, que de mistico se abrasa
en la serrana gracia de la altura?
¡Metro!: ¡que noche oscura
para el suicidio del que desespera!:
¡que subterranea y vasta gusanera,
donde se cata y zumba
la labor y el secreto de la tumba!
¡Asfalto!: ¡que impiedad para mi planta!
¡Ay, que de menos echa
el tacto de mi pie mundos de arcilla
cuyo contacto imanta,
paisajes de cosecha,
caricias y tropiezos de semilla! ¡Ay, no encuentro, no encuentro
la plenitud del mundo en este centro!
En los naranjos dulces de mi rio,
asombros de oro en estas latitudes,
oh ciudad cojitranca, desvario,
solo abarca mi mano plenitudes.
No concuerdo con todas estas cosas
de escaparate y de bisuteria:
entre sus variedades procelosas,
es la persona mia,
como el arbol, un triste anacronismo.
Y el triste de mi mismo,
sale por su alegria,
que se quedo en el mayo de mi huerto,
de este urbano bullicio
donde no estoy de mi seguro cierto,
y es pormayor la vida como el vicio. He medio boquiabierto
la soledad cerrada de mi huerto.
He regado las plantas:
las de mis pies impuras y otras santas,
en la sequia breve de mi ausencia
por nadie reemplazada. Se derrama,
rogandome asistencia,
el limonero al suelo, ya cansino,
de tanto agrio picudo.
En el miembro desnudo de una rama,
se le ve al ave el trino
recondito, desnudo. Aqui la vida es pormenor: hormiga,
muerte, carino, pena,
piedra, horizonte, rio, luz, espiga,
vidrio, surco y arena.
Aqui esta la basura
en las calles, y no en los corazones.
Aqui todo se sabe y se murmura:
No puede haber oculta la criatura
mala, y menos las malas intenciones. Nace un nino, y entera
la madre a todo el mundo del contorno.
Hay pimenton tendido en la ladera,
hay pan dentro del horno,
y el olor llena el ambito, rebasa
los limites del marco de las puertas,
penetra en toda la casa
y panifica el aire de las huertas. Con una paz de aceite derramado,
enciende el rio un lado y otro lado
de su imposible, por eterna, huida.
Como una miel muy lenta destilada,
por la serenidad de su caida
sube la luz a las palmeras: cada
palmera se disputa
la soledad suprema de los vientos,
la delicada gloria de la fruta
y la supremacia
de la elegancia de los movimientos
en la mas venturosa geografia. Esta el agua que trina de tan fria
en la pila y la alberca
donde aprendi a nadar. Estan los pavos,
la Navidad se acerca,
explotando de broma en los tapiales,
con los desplantes y los gestos bravos
y las barbas con ramos de corales.
Las venas manantiales
de mi pozo serrano
me dan, en el pozal que les envio,
pureza y lustracion para la mano,
para la tierra seca amor y frio. Haciendo el hortelano,
hoy en este solaz de regadio
de mi huerto me quedo.
No quiero mas ciudad, que me reduce
su vision, y su mundo me da miedo. ¡Como el limon reluce
encima de mi frente y la descansa!
¡Como apunta en el cruce
de la luz y la tierra el lilio puro!
Se combate la pita, y se remansa
el perejil en un aparte oscuro.
Hay az'har, ¡que osadia de la nieve!
y estamos en diciembre, que hasta enero,
a oler, lucir y porfiar se atreve
en el alrededor del limonero. Lo que haya de venir, aqui lo espero
cultivando el romero y la pobreza.
Aqui de nuevo empieza
el orden, se reanuda
el reposo, por yerros alterado,
mi vida humilde, y por humilde, muda.
Y Dios dira, que esta siempre callado.

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