Aun menos que reliquias
Son apenas dos piedras.
Nada mas que dos piedras sin inscripcion alguna,
recogidas un dia para ser solo piedras en el altar de la memoria.
Aun menos que reliquias, que testigos inermes hasta el juicio final.
Rodaron hasta mi desde las dos vertientes de mi genealogia,
mas remotas que lapas adheridas a ciegas a la prescindencia y al sopor.
Y de repente cierto matiz intencionado,
cierto recogimiento sospechoso entre los tensos bordes a punto de estallar,
el suspenso que vibra en una estria demasiado insidiosa,
demasiado evidente,
me anuncian que comienzan a oficiar desde los anfiteatros de los muertos. ¿A que aluden ahora estas dos piedras fatales, milenarias,
con sus brillos cruzados como la sangre que se desliza por mis venas?
A fabulas y a historias, a estirpes y a regiones
entretejidas en un solo encaje desde los dos costados del destino
hasta la trama de mis huesos. Exhalan otra vez ese tiempo ciclopeo en los dioses eran mis antepasados
-malhechores solemnes, ocultos en la ola, en el volcan y en las estrellas,
bajaron a la isla a trasplantar sus templos, sus represalias, sus infiernos-
y tambien esos siglos de las tierras hirsutas, emboscadas en el ojo del zorro,
hambrientas en el bostezo del jaguar, inmensas en el cambio de piel de la
(serpiente.
Pasan heroes de sandalias al viento y monstruos confabulados con la roca,
pueblos que traficaron con el sol y pueblos que solo fueron dinastias de eclipses,
invasiones tenaces como regueros de hormigas sobre un mapa de
(coagulada miel
y aqui pasan las nubes con su ilegible codice, excursiones salvajes,
y el brujo de la tribu domesticando a los grandes espiritus
(como un encantador de pajaros
para que hablen por el redoble de la lluvia, por el fuego o el grano,
por la boca colmada de la humilde vasija.
En un friso de nieblas se inscribe la mitad confusa de mi especie,
mientras cambian de vestiduras las ciudades o trepan las montanas o se
(arrojan al mar,
sus bellos rostros vueltos hacia el ultimo rey, hacia el ultimo exodo.
Un cortejo de sombras viene del otro extremo de mi herencia,
llega con el conquistador y funda las colonias del odio, de la espada y la codicia,
para expropiar el aire, los venados, los matorrales y las almas.
Se aproxima una aldea encallada en lo alto del abismo igual que un arca rota,
una agreste corona que abandono el normando y recogieron los vientos
(y las cabras,
mucho antes que el abuelo conociera la risa y los brebajes para expulsar
(los males
y la abuela, tan alta, enlutara su corazon con despedidas y desgastara
(los rosarios.
Ahora se ilumina un caserio alrededor del espinillo, el ciego y el milagroso
(santo
es polvareda y humo detras de los talones del malon,
(de los perros extraidos del diablo,
poco antes que el abuelo disfrazara de fantasmas las vinas, los miradores,
(los corrales,
y la abuela se internara por bosques embrujados a perseguir el ave de
( los siete colores
para bordar con plumas la flor que no se cierra.
Y alla viene mi padre, con el oceano retrocediendo a sus espaldas.
Y alla viene mi madre flotando con caballos y volanta.
Yo estoy en una jaula donde comienza el mundo en un gemido
( y continua en la ignorancia. Pero detras de mi no queda nadie para seguir hilando la trama de mi raza.
Estas piedras lo saben, cerradas como punos obstinados.
Estas piedras aluden nada mas que a unos huesos cada vez mas blancos.
Anuncian solamente el final de una cronica,
apenas una lapida.

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