Cantos a berenice (xiii)

Poema:

Se descolgo el silencio,
sus atroces membranas desplegadas como las de un
murcielago anterior al diluvio,
su canto como el cuervo de la negacion.
Tu boca ya no acierta su alimento.
Se te desencajaron las mandibulas
igual que las mitades de una capsula inepta para
encerrar la almendra del destino.
Tu lengua es el Sahara retraido en penumbra.
Tus ojos no interrogan las vanas ecuaciones de cosas y de rostros.
Dejaron de copiar con lentejuelas amarillas los fugaces
modelos de este mundo.
Son apenas dos pozos de opalina hasta el fin donde se
ahoga el tiempo.
Tu cuerpo es una rigida armadura sin nadie,
sin mas peso que la luz que lo borra y lo amortaja en lagrimas.
Tus unas desasidas de la inasible salvacion
recorren desgarradoramente el reverso impensable,
el cordaje de un exodo infinito en su acorde final.
Tu piel es una mancha de carbon sofocado que
atraviesa la estera de los dias.
Tu muerte fue tan solo un pequeno rumor de mata que se arranca
y despues ya no estabas.
Te deserto la tarde
te arrojo como escoria a la otra orilla,
debajo de una mesa innominada, muda, extranamente
impenetrable,
alli, junto a los desamparados desperdicios,
los torpes inventarios de una casa que rueda hacia el poniente,
que oscila, que se cae,
que se convierte en nube.

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