A una estatua de proa

Poema:

En las arenas de Magallanes te recogimos cansada
navegante, inmovil
bajo la tempestad que tantas veces tu pecho dulce
y doble
desafio dividiendo en sus pezones.

Te levantamos otra vez sobre los mares del Sur,
pero ahora
fuiste la pasajera de lo oscuro, de los rincones,
igual
al trigo y al metal que custodiaste
en alta mar, envuelta por la noche marina.

Hoy eres mia, diosa que el albatros gigante
rozo con su estatura extendida en el vuelo,
como un manto de musica dirigida en la lluvia
por tus ciegos y errantes parpados de madera.

Rosa del mar, abeja mas pura que los suenos,
almendrada mujer que desde las raices
de una encina poblada por los cantos
te hiciste forma, fuerza de follaje con nidos,
boca de tempestades, dulzura delicada
que iria conquistando la luz con sus caderas.

Cuando angeles y reinas que nacieron contigo
se llenaron de musgo, durmieron destinados
a la inmovilidad con un honor de muertos,
tu subiste a la proa delgada del navio
y angel y reina y ola, temblor del mundo fuiste.
El estremecimiento de los hombres subia
hasta tu noble tunica con pechos de manzana,
mientras tus labios eran oh dulce! humedecidos
por otros besos dignos de tu boca salvaje.

Bajo la noche extrana tu cintura dejaba
caer el peso puro de la nave en las olas
cortando en la sombria magnitud un camino
de fuego derribado, de miel fosforescente.
El viento abrio en tus rizos su caja tempestuosa,
el desencadenado metal de su gemido,
y en la aurora la luz te recibio temblando
en los puertos, besando tu diadema mojada.

A veces detuviste sobre el mar tu camino
y el barco tembloroso bajo por su costado,
como una gruesa fruta que se desprende y cae,
un marinero muerto que acogieron la espuma
y el movimiento puro del tiempo y del navio.
Y solo tu entre todos los rostros abrumados
por la amenaza, hundidos en un dolor esteril,
recibiste la sal salpicada en tu mascara,
y tus ojos guardaron las lagrimas saladas.
Mas de una pobre vida resbalo por tus brazos
hacia la eternidad de las aguas mortuorias,
y el roce que te dieron los muertos y los vivos
gasto tu corazon de madera marina.

Hoy hemos recogido de la arena tu forma.
Al final, a mis ojos estabas destinada.
Duermes tal vez, dormida, tal vez has muerto,
muerta:
tu movimiento, al fin, ha olvidado el susurro
y el esplendor errante cerro su travesia.
Iras del mar, golpes del cielo han coronado
tu altanera cabeza con grietas y rupturas,
y tu rostro como una caracola reposa
con heridas que marcan tu frente balanceada.

Para mi tu belleza guarda todo el perfume,
todo el acido errante, toda su noche oscura.
Y en tu empinado pecho de lampara o de diosa,
torre turgente, inmovil amor, vive la vida.
Tu navegas conmigo, recogida, hasta el dia
en que dejen caer lo que soy en la espuma.

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