La vida manda que pueble estos caminos
Vienen las horas, horas de cielo azul,
y de verano, sobre la copa verde.
Vienen sobre las velas de la mar
del sur y luego sobre los hombres vienen.
Crujen al paso del timon y saltan,
y desde entonces saltan sobre los meses.
Y un caracol de manos entre la espuma
coge su mes de plata y lo desenvuelve. Por estas horas vienen estos caminos
de sangre, temblorosos hacia la gente,
traen su viejo bulto de sudor, su angustia,
sus jornales de luto sobre las sienes
traen su vieja rabia de color y el ultimo
recio lenguaje de color y su fiebre
traen sus brazos torcidos como la brisa
de las banderas, el sudor asustado
como el brocal de un pozo y el viejo pano
de lagrimas y el punal de cruz y la muerte. Estos viejos caminos cruzan las horas
largas, vienen hacia los hombres, los vuelven
amargos, los hacen madurar en acida
madurez de fruta calida y agreste,
y a veces les distribuyen horizontes
rojos de espinas y amapolas rebeldes. Vienen las horas y yo queria un rapido
florecimiento de amor, una inminente
paz cuajada bajo los techos. ¡La vida
manda que pueble estos caminos oscuros!... Yo queria una verde provincia de pan
y frutas erguida sobre un mapa reciente,
junto al agua de piedras que el puno alcanza,
y el afan alcanza y el sudor contiene... La vida manda que pueble estos caminos:
manda que pueble estos caminos y entonces
sale esta voz de sombras y de raices
amargas y de mariposas de fiebre,
de esta garganta tupida de raices
amargas y de encendidas mariposas de fiebre.

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