Primera vision de marzo (ii)
La tarde me asaltaba como una primavera
en Arezzo, y yo cedia al repertorio
de emociones y usos de poeta: deidades
se materializaban a mi voz, faunos igneos
amenazaban cada gruta, sombras
de mi mismo me esperaban bajo el tapial de alamos.
(Todavia no he hablado, ni lo hare,
de otros podigios, alcotan o ninfa Egeria,
clase de frances a mis doce anos o recuerdos de una guerra no vivida,
primeras horas con Montaigne o inutiles lecciones de solfeo,
minotauro de Picasso y poesia entre mis apuntes, toda una memoria abolida
por el silencio encapuchado de esta tarde.)
Penitente el jardin, las hojas ciegas
amarilleaban obstinadamente. Sin duda vine a esto,
y no llamado por un rito o mistica
revelacion sabiendo, y aceptando,
que nada iba a hallar sino en mi mismo. Asi el jardin es otra
imagen o rodeo, como al final de un subito pasillo
la luz se abre y el blacon llamea,
ignorado hasta entonces o mas bien
la pausaentre relampago y relampago,
cuando en la oscuridad todo es espera
y de pronto llego (¿pero era esto?). Luces
inquietan el jardin, como el balneario
- un quinteto en la pergola, te, gravilla - donde aun es posible
reconocerse, aquel, bajo los sauces tartaros,
y estar alli sin que nadie lo sepa,
como uno que viajo consigo mismo en el avion, entre brumas neerlandesas,
y aun hoy lo ignora.
Facil, facil conquista, marzo y arboles rojos.
Surtidor el unanime, tened piedad de mi.

Comentarios