Elegia de septiembre
¡Oh sol! ¡Oh mar! ¡Oh monte! ¡Oh humildes
animalitos de los campos! Pongo a todas las cosas
por testigos de esta realidad tremenda: He vivido. Main Cordero tranquilo, cordero que paces
tu grama y ajustas tu ser a la eterna armonia:
hundiendo en el lodo las plantas fugaces
hui de mis campos feraces
un dia...
Ruisenor de la selva encantada
que preludias el orto abrileno:
a pesar de la funebre muerte, y la sombra, y la nada,
yo tuve el ensueno.
Sendero que vas del alcor campesino
a perderte en la azul lontananza:
los dioses me han hecho un regalo divino:
la ardiente esperanza.
Espiga que mecen los vientos, espiga
que conjuntas el trigo dorado:
al influjo de soplos violentos,
en las noches de amor, he temblado.
Montana que el sol transfigura.
Tabor al febril mediodia,
silente deidad en la noche estilifera y pura:
¡nadie supo en la tierra sombria
mi dolor, mi temblor, mi pavura!
Y vosotros, rosal florecido,
lebreles sin amo, luceros, crepusculos,
escuchadme esta cosa tremenda: ¡He Vivido!
He vivido con alma, con sangre, con nervios, con musculos,
y voy al olvido...

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