La estrella de la tarde
Un monte azul, un pajaro viajero,
un roble, una llanura,
un nino, una cancion... Y, sin embargo,
nada sabemos hoy, hermano mio. Borranse los senderos en la sombra
el corazon del monte esta cerrado
el perro del pastor tragicamente
aulla entre las hierbas del vallado. Apoya tu fatiga en mi fatiga,
que yo mi pena apoyare en tu pena,
y llora, como yo, por el influjo
de la tarde traslucida y serena. Nunca sabremos nada... ¿Quien puso en nuestro espiritu anhelante,
vago rumor de mares en zozobra,
emocion desatada,
quimeras vanas, ilusion sin obra?
Hermano mio, en la inquietud constante,
nunca sabremos nada... ¿En que grutas de islas misteriosas
arrullaron los Numeros tu sueno?
¿Quien me da los carbones irreales
de mi ardiente pasion, y la resina
que efunde en mis poemas su fragancia? ¿Que voz suave, que ansiedad divina
tiene en nuestra ansiedad su resonancia? Todo inquirir fracasa en el vacio,
cual fracasan los bolidos nocturnos
en el fondo del mar toda pregunta
vuelve a nosotros tremula y fallida,
como del choque en el cantil fragoso
la flecha por el arco despedida. Hermano mio, en el impulso errante,
nunca sabremos nada... Y sin embargo...
¿Que mistica influencia
vierte en nuestros dolores un balsamo radiante?
¿Quien prende a nuestros hombros
manto real de purpuras gloriosas,
y quien a nuestras llagas
viene y las unge y las convierte en rosas?
Tu, que sobre las hierbas reposabas
de cara al cielo, dices de repente:
— «La estrella de la tarde esta encendida ».
Avidos buscan su fulgor mis ojos
a traves de la bruma, y ascendemos
por el hilo de luz... Un grillo canta
en los repuestos musgos del cercado,
y un incendio de estrellas se levanta
en tu pecho, tranquilo ante la tarde,
y en mi pecho en la tarde sosegado...

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