Autoepitafio

Poema:

Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo mas fortuna que el espanto
y fue suficiente pues como no era un santo
sabia que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambicion es gran demencia
y que el mas sordido horror tiene su encanto.
Vivio para vivir que es ver la muerte
como algo cotidiano a la que apostamos
un cuerpo esplendido o toda nuestra suerte.
Supo que lo mejor es aquello que dejamos
-precisamente porque nos marchamos-.
Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
solo hay un lugar para vivir, el imposible.
Conocio la prision, el ostracismo,
el exilio, las multiples ofensas
tipicas de la vileza humana
pero siempre lo escolti cierto estoicismo
que le ayudo a caminar por cuerdas tensas
o a disfrutar del esplendor de la manana.
Y cuando ya se bamboleaba surgia una ventana
por la cual se lanzaba al infinito.
No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un tumulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni despues de muerto quiso vivir quieto).
Ordeno que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habran de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de sonar:
espera que en sus aguas se zambulla algun adolescente.

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