Al rey Oscar
Asi, sire, en el aire de la Francia nos llega
la paloma de plata de Suecia y de Noruega,
que trae en vez de olivo una rosa de fuego. Un bucaro latino, un noble vaso griego
recibira el regalo del pais de la nieve.
Que a los reinos boreales el patrio viento lleve
otra rosa de sangre y de luz espanolas
pues sobre la sublime hermandad de las olas,
al brotar tu palabra, un saludo le envia
al sol de media noche el sol de Mediodia. Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta.
El Norte ama las palmas y se junta el poeta
del fiord con el del carmen, porque el mismo oriflama
es de azur. Su divina cornucopia derrama
sobre el polo y el tropico la Paz y el orbe gira
en un ritmo uniforme por una propia lira:
el Amor. Alla surge Sigurd que al Cid se auna,
cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna,
y la musa de Becquer del ensueno es esclava
bajo un celeste palio de luz escandinava. Sire de ojos azules, gracias: por los laureles
de cien bravos vestidos de honor por los claveles
de la tierra andaluza y la Alhambra del moro
por la sangre solar de una raza de oro
por la arrnadura antigua y el yelmo de la gesta
por las lanzas que fueron una vasta floresta
de gloria y que pasaron Pirineos y Andes
por Lepanto y Otumba por el Peru, por Flandes
por Isabel que cree, por Cristobal que suena
y Velazquez que pinta y Cortes que domena
por el pais sagrado en que Herakles afianza
sus macizas columnas de fuerza y esperanza,
mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa
que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga
por el leon simbolico y la Cruz, gracias, sire. ¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire,
mientras la onda cordial aliente un ensueno,
mientras haya una viva pasion, un noble empeno,
un buscado imposible, una imposible hazana,
una America oculta que hallar, vivira Espana! ¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino
real, a la morada que entristecio el destino,
la morada que viste luto su puerta abra
al purpureo y ardiente vibrar de tu palabra:
y que sonria, oh rey Oscar, por un instante
y tiemble en la flor aurea el mas puro brillante
para quien sobre brillos de corona y de nombre,
con labios de monarca lanza un grito de hombre!

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