De invierno

Poema:

En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillon,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salon. El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Aleí­ ­ §on,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japon. Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueno:
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris
voy a besar su rostro, rosado y halagueno como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos mirame con su mirar risueno,
y en tanto cae la nieve del cielo de Paris.

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