Catalogo de antiguedades

Poema:

Besitos y mordisquitos en las orejitas era lo que escribiamos
al final de unas postales no tan obscenas como horteras,
tambien en los hociquitos y Viva el Mejillon Peludo
cuando las enviabamos a ninas adorablemente estupidas
y Gola Pola Amapola que tal las misiones en Angola
o de mayor yo tambien quiero ser cura
si iban dirigidas al gris colegio horrible,
besitos y mordisquitos o cabramozabigote!
en la epoca de la continuada borrachera
que un estomago medio buzon medio prodigio
aun digeria, besitos, mordisquitos y no se por que
ahora tambien recuerdo ininterrumpidos veranos
y sobre todo a Javier borracho, cayendose y cantando
a las seis de la madrugada en la Plaza Artos,
Javier parando a un repartidor para ensenarle
como en el infantil cuaderno de dibujo
que alguien habia ideado regalarle a Ana
el elefante coloreado de amarillo
quedaba superlativamente cojonudo y fijese usted,
no me he salido para nada de los bordes, ¿verdad
que a la senorita ha de encantarle?: besitos, cervezas,
mordisquitos, noches, desiertos o Javier o la Plaza Artos
en la cara del pobre hombre: inconcebibles cosas asi
son las que me vuelven y las que tengo que anotar
para cuando tenga tiempo o ganas de escribir
en falso verso un inservible catalogo
de antiguedades. Y en los margenes del papel
no puedo olvidarme de apuntar que ya muy al principio
de una adolescencia extremada me acostumbre
a coleccionar en los descosidos bolsillos de mis ojos
huidizas madrugadas, a coleccionar o robar al tiempo
pequenas muertes, azucar de piernas, adioses,
panuelos y lunas, pozos, cuchillos, ternuras
y que esa temprana aficion por las cosas que no sirven para nada
sin duda tuvo la primera y quiza mas grave culpa
de que acabara aceptando complacido, y sin mas,
el convertir en una completa inutilidad mi propia vida,
muy irresponsablemente sonriendo ante los infinitos
lo que hay que ver, un chico de sus posibilidades,
mira que deja el Derecho para perder el tiempo
escribiendo versitos, lo peor es que asi
es como acaban comunistas y ya es lastima
que mi particular ejercito de abuelas
resignadamente recitaba.

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