Canto vi

Poema:

El velero lustroso de la muerte
pasea tu silencio por mis mares sombrios
entre brillos de un agua negra en ondas,
donde cantan marinos de otro tiempo,
ahogados en la noche, rendidos a las algas
que transportan las sombras.
Y siempre vienes a mi desde el olvido,
aventurero terrestre de barbas seculares.
Tus zapatos aun suenan sobre los ladrillos
y sobre las arenas de bahias desiertas,
con baules desenterrados y monedas,
y con rocas lejanas donde los astros caen,
donde avanzan temblando las auroras,
en medio de las sombras de los frios,
y de pinos del mar,
y signos y colores espectrales,
y las sombras de madres de barqueros,
llamando entre sus panos y sus cabellos,
y sus voces confundidas,
y sus lagrimas perdiendose en la arena,
y gaviotas en fila, volando hacia otro mundo,
hacia distancias cardenas y negras,
hacia un dia del misterio,
donde grita el hombre a su muerte.
Te sigue un perro grande,
el perro fiel y lento de nuestra lejania.
En tu penumbra brillan barcas abandonadas.
Con las rafagas gimen tus hondas soledades
y entre las algas tiembla el grave amanecer.
Te alejas en tu viaje como llovizna leve,
como el rumor del mar en los caracoles.
En mi soledad guardo tus hondas soledades.
De ti vienen los dias
donando en las guitarras del olvido.
Por ti yo soy el hombre, el portador del fuego.
Por ti mi mano levanta el espejo que refleja la montana.
Hacia mi venian tus huellas, tu fabula y tu clima,
y aun te veo llegar desde la muerte,
padre del remo, padre del pesado saco,
padre de la colera y el canto.

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