DEcima muerte
A Ricardo de Alcazar I ¡Que prueba de la existencia
habra mayor que la suerte
de estar viviendo sin verte
y muriendo en tu presencia!
Esta lucida conciencia
de amar a lo nunca visto
y de esperar lo imprevisto
este caer sin llegar
es la angustia de pensar
que puesto que muero existo. II Si en todas partes estas,
en el agua y en la tierra,
en el aire que me encierra
y en el incendio voraz
y si a todas partes vas
conmigo en el pensamiento,
en el soplo de mi aliento
y en mi sangre confundida,
¿no seras, Muerte, en mi vida,
agua, fuego, polvo y viento? III si tienes manos, que sean
de un tacto sutil y blando,
apenas sensible cuando
anestesiado me crean
y que tus ojos me vean
sin mirarme, de tal suerte
que nada me desconcierte
ni tu vista ni tu roce,
para no sentir un goce
ni un dolor contigo, Muerte. IV Por caminos ignorados,
por hendiduras secretas,
por las misteriosas vetas
de troncos recien cortados,
te ven mis ojos cerrados
entrar en mi alcoba oscura
a convertir mi envoltura
opaca, febril, cambiante,
en materia de diamante
luminosa, eterna y pura. V No duermo para que al verte
llegar lenta y apagada,
para que al oir pausada
tu voz que silencios vierte,
para que al tocar la nada
que envuelve tu cuerpo yerto,
para que a tu olor desierto
pueda, sin sombra de sueno,
saber que de ti me adueno,
sentir que muero despierto. VI La aguja del instantero
recorrera su cuadrante,
todo cabra en un instante
del espacio verdadero
que, ancho, profundo y senero,
sera elastico a tu paso
de modo que el tiempo cierto
prolongara nuestro abrazo
y sera posible, acaso,
vivir despues de haber muerto. VII En el roce, en el contacto,
en la inefable delicia
de la suprema caricia
que desemboca en el acto,
hay un misterioso pacto
del espasmo delirante
en que un cielo alucinante
y un infierno de agonia
se funden cuando eres mia
y soy tuyo en un instante. VIII ¡Hasta en la ausencia estas viva!
Porque te encuentro en el hueco
de una forma y en el eco
de una nota fugitiva
porque en mi propia saliva
fundes tu sabor sombrio,
y a cambio de lo que es mio
me dejas solo el temor
de hallar hasta en el sabor
la presencia del vacio. IX Si te llevo en mi prendida
y te acaricio y escondo,
si te alimento en el fondo
de mi mas secreta herida
si mi muerte te da vida
y goce mi frenesi,
¡que sera, Muerte, de ti
cuando al salir yo del mundo,
deshecho el nudo profundo,
tengas que salir de mi? X En vano amenazas, Muerte,
cerrar la boca a mi herida
y poner fin a mi vida
con una palabra inerte.
¡Que puedo pensar al verte,
si en mi angustia verdadera
tuve que violar la espera
si en vista de tu tardanza
para llenar mi esperanza
no hay hora en que yo no muera!

Comentarios